12 de marzo de 2012

PARA REFLEXIONAR: ME CANSE DE HACER DE TIPO.



"Una mujer debe ser soñadora coqueta y ardiente, debe darse al amor con frenético ardor, para

ser una mujer”-Agustín Lara

“Haciendo de tipo”. Esa fue mi respuesta días atrás a l
a pregunta telefónica de una amiga que

quería saber en qué andaba. Allí estaba, en la gomería, rodeada de testosterona y fierros

después de anoticiarme en el taller mecánico que tenía “las gomas deformadas”. Miré mis

lolas y descubrí que el problema no era mi cuerpo. Sí mi auto y, ergo, mi billetera.


Alineación, balanceo, tren delantero y burro de arranque. Maldita la hora en que debí incorporar

a mi vocabulario esta terminología de macho. Y no porque me disgusten los autos. El problema

es otro, algo que, en mi vida no anda precisamente sobre ruedas. Estoy harta de “hacer de

hombre”.




Es literal. Trabajo como un burro, me ocupo de mis alimentos, de los impuestos, de los

electrodomésticos rotos, de las humedades del techo, de los cueritos rotos y de las cuestiones

financieras. En definitiva, “hago de tipo” full time.



Mi plasma estuvo “muerto” durante tres meses sólo porque no sé cuál es el orificio de entrada

del cable. Mi Blackberry vegetó en su caja durante semanas hasta que un mozo amigo me

enseñó a usarlo. Odio los manuales y los instructivos. Para eso están los hombres. Yo me llamo

Valeria. Y lo único que tengo parecido a un travesti es el tamaño de mis pies.


“Hago de tipo” en el banco discutiendo cifras y cuestiones que nunca hubiera soñado tener que

comandar.

“Hago de tipo” cuando discuto con el abogado, el contador, la AFIP y Juan de los Palotes.

“Hago de tipo” en los baños públicos cuando tengo que hacer pis parada porque mis

congéneres son mugrientas y hacen pis la tabla “como los tipos”.

“Hago de tipo” en el trabajo, cuando a nadie le importa si estoy indispuesta, me siento sola o

me destrozaron el corazón. Los tipos no lloran. Y cuando quiero llorar me encierro en el baño.

“Hago de tipo” cuando vengo del supermercado hombreando mil bolsas porque “hace cinco

minutos cerró el reparto a domicilio” y ya no me queda ni un rollo de papel higiénico.

“Hago de tipo” cuando salgo a la calle enferma porque “si no lo hago yo, no me lo hace nadie”.


Y lo peor de todo es que, acostumbrados a “verme hacer de tipo”, los que me rodean esperan que “haga de tipo”. Muchos “tipos” me invitan a tomar algo y me hablan “como a un tipo”. Me

cuentan sus proezas sexuales, sus cuitas matrimoniales y sus déficits monetarios. Charlamos

de autos, de fútbol y de sexo. De vinos, de guita y de mujeres. “Vos sos uno más”, llegó a

decirme en mis narices mi príncipe azul. Y, la verdad, no me molesta que me traten “como a

un tipo” siempre y cuando no se olviden “que soy una mina”. A la que le gustan las flores, los

bombones y las caricias.

“Una mina” que llora a escondidas “como los tipos” y sueña con “un tipo” que le lleve el auto al

taller, que la ayude a cargar las bolsas del súper y que le cambie las lamparitas. Que alguna vez

diga “no te preocupes, descansá” y que haga una sopa cuando me agarre la gripe.

Mientras tanto, sigo “haciendo de tipo” sin renegar de mi almita de mujer. Sensible y cariñosa.

Soñadora, coqueta y ardiente. Aunque solo algunos entiendan cuánta debilidad hay detrás de

tanta fortaleza.

Valeria Schapira, periodista. Del libro “Diario de una mujer posmo” (Urano, 2011)

No hay comentarios:

" HAY COSAS QUE NO SE DICEN
Y MUEREN EN LOS CORAZONES "