Hay un poema errante y vagabundo por tu cuerpo,
que se nutre de tu esperanza,
que te protege en los sueños.
Hay un poema trashumante y trotamundos por tus besos,
que llora cuando te marchas,
que enciende las luces del puerto.
Hay un poema apasionante e iracundo por tus dedos,
que hace nido en tu espalda,
que se enamora en febrero.
Hay un poema amante y rubicundo por tus miembros,
que reza cuando descansas,
que te entibia en cada invierno.
Hay un poema cavilante y meditabundo por tu recuerdo,
que mide cada palabra,
que muere escrito en un cuaderno
Gustavo J. González Domizi
No hay comentarios:
Publicar un comentario